Migraciones y Fronteras

En el mundo hay más de 175 millones de personas migrantes. Esto indica que una de cada 35 personas es migrante internacional. En el actual contexto globalizado, estos flujos influyen directamente en la evolución de los estados, sociedades, economías y culturas. Pero para que sirvan al desarrollo de las personas y los países se necesita una gestión estatal enfocada en los derechos humanos y la igualdad, no sólo en aspectos económicos y en el control fronterizo.

En el caso específico de las mujeres migrantes, las situaciones de violencia y riesgos se amplifican por discriminación de género. Son discriminadas y violentadas doblemente –por el hecho de ser mujeres y migrantes– en situaciones que, aun siendo muy diversas, tienen en común la exclusión que conlleva la condición de extranjeras; esto es, vulnerabilidad, desconocimiento de las leyes, barreras del nuevo idioma y cultura, sesgos de los mecanismos de justicia y falta de protección. Según el Instituto para las Mujeres en la Migración (Imumi), muchas mujeres que transitan por territorio mejicano no denuncian los abusos de los que son víctimas, ya sea por desconocer sus derechos o por el miedo de ser detenidas. Sufren agresiones físicas, abusos sexuales, secuestros, extorsiones y maltratos tanto por parte de civiles como de fuerzas de seguridad, o son reclutadas por la delincuencia organizada dedicada a la trata de personas, con el irreparable daño que eso acarrea, física y emocionalmente. De acuerdo con datos de otra ONG, el proyecto Imila (Investigación de la Migración Internacional en Latinoamérica) de la Cepal, el 60 por ciento de las mujeres migrantes son víctimas de crímenes sexuales durante su tránsito por Centroamérica y México.